viernes, 7 de mayo de 2010

07-05-2010 SEGUNDO DIA EN SAN ANDRES






























7 de mayo de 2010

Es mi segundo y último día completo en San Andrés. Ha amanecido nublado, razón por la cual decido no intentar ninguna actividad subacuática porque sin la luz del sol la visibilidad escasa no compensa el esfuerzo de desplazarse de un sitio a otro de la isla.
Lo primero que hago es desayunar e inmediatamente darme un baño, antes de comenzar la digestión. En estas playas, salvo que te pongas a nadar en plan de hacer ejercicio, un baño tranquilo no supone ningún riesgo de corte de digestión porque el agua está caliente las 24 horas del día. Cuando yo me despierto y me asomo al balcón, en torno a las siete, la playa ya está llena de gente. La mayoría de los huéspedes del hotel se bañan antes de desayunar. Después de una ducha preparo la mochila con cámara y prismáticos y salgo con la intención de visitar un jardín botánico que al sur de San Andrés.
Después de preguntar donde tomar el autobús de línea hacia Loma Bara (Barack para los nativos) me pasé casi media hora esperando y observando. Aquí todo lo que ves se te antoja curioso y pintoresco. Por fin llega el bus. Impresionante, una reliquia. Por suerte, el autobús todavía conserva partes esenciales como el motor, las ruedas y los asientos. Es una pena que esté escribiendo desde un locutorio y no tengo aquí ninguna foto. El conductor, con más paciencia que un santo, va sorteando peatones, vehículos parados, motos en contradirección, y no se inmuta en absoluto cuando le hacen parar en cualquier parte, aunque sea trescientos metros después de la última parada.
Al cabo de un rato de movida conducción sube una señora negra de unos cincuenta años con unos ojos verdes preciosos. Enseguida se da cuenta de que me he quedado alucinado pero se muestra indiferente. Vamos recorriendo los barrios de la población más pobre con casas o cabañas diseminadas entre la espesa vegetación. Muchas veces se me presentan imágenes que me recuerdan las ya vistas en el viaje que Juani y yo hicimos al Senegal. Esto es Africa en América.
Por fin llego al jardín botánico. La recepción está muy bien organizada con tres o cuatro empleados "ocupados" todos haciendo algo en los ordenadores. Después de pagar 7000 COP me dan información, muy amables, e incluso me prestan una guía de venta a parte. No me dieron la información que más hubiera agradecido. Yo tenía la ilusión de encontrar un buen lote de flores raras que fotografiar, sobre todo orquídeas, pero había muy pocas flores. El jardín está muy bien diseñado en plan pedagógico para los estudiantes de ciencias o botánica, incluyendo todo tipo de plantas, no sólo las de flores. El itinerario va recorriendo unos parterres donde están plantadas las distintas especies agrupadas en familias. Después se llega a un edificio, una torre mirador, desde donde se ve todo el jardín. Al bajar se sigue un camino largo, todavía con ejemplares ordenados en ambos lados, que termina en un sendero que se mete en un bosque tropical espeso llevando al visitante hasta la salida. Lo más curioso del bosque es la presencia de varios tipos de lagartijas y lagartos. La más sorprendente de esas especies es una lagartija de unos quince cm que daba saltos de casi un metro de longitud. Saltaban desde las ramas de los árboles o desde piedras dándome unos sustos de miedo. Me entretuve en hacerles varias fotos y eso fue un error fatal. Unos pequeños insectos, que no eran mosquitos, muy negros y del tamaño de dos veces la cabeza de una aguja, me picaron más de 40 veces en cuestión de segundos. Me dí cuenta de las picadas, no en su momento, sino cuando comenzaron a escocer las primeras. Era tremendo. Sobre todo me picaron en la parte trasera del antebrazo, por encima de los codos, donde no las veía, lo mismo que en las pantorrillas y parte trasera de los muslos pues iba con pantalón corto. Después de protestar porque no me avisaron de esta peculiaridad del parque, para vengarme fui advirtiendo de las picadas a los que iban a entrar, enseñándoles cómo tenía ya los brazos. Un par de familias se marcharon pues las mujeres iban con camisetas de tirantes sin nada con que cubrirse.
Volví a toda prisa a San Andrés donde pude comprar un bálsamo para las picadas que me calmó bastante, aunque el escozor me duró dos días más. Al llegar al hotel, otro baño hasta la hora de la cena.
Luego me dediqué a preparar las maletas para el viaje del día siguiente, sábado, a Cartagena de Indias.










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