martes, 1 de junio de 2010

01-06-2010 VIVIR EN EL CARIBE

Sí, ya estamos en junio. Hace veinticinco días que vivo en el Caribe y casi puedo decir que me he aclimatado, y con ello no hago sólo referencia la clima. Como solemos decir en España: he tenido que cambiar el chip, a la fuerza, es inútil resistirse. ¿Resistirse? ¿para qué? ¿para sufrir? No, ni hablar, aquí hay que gozar de la vida siguiendo el ritmo de la naturaleza y del reguetón.


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A cuerpo de rey.


Veamos:




  • Esto es el trópico, o sea, hace calor, un calor húmedo y pegajoso que el autóctono sabe controlar. Pero siempre hay una buena sombra cerca: una palmera, un mango, un techo de paja, una pared, un parasol… no hay problema.


  • Si hace falta dormir uno puede dormir en cualquier parte y a cualquier hora del día, sin necesidad de tener una casa. En un banco del parque, en un rincón, en plena acera…no hay problema, aquí nadie se inmuta.

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Por delante y por detrás.




  • Si tienes hambre encuentras fruta fresca y gratuita por todas partes pero ¡hay que moverse! y eso puede resultar muy duro. Si tienes algo de dinero puedes comprar la fruta muy barata y te la llevan a donde estés.


  • Por si tienes sed hay miles de cocos esperando que alguien se tome la molestia de cogerlos… aunque eso son palabras mayores; mejor esperar a que se caigan solos. ¡Aquí no hay prisas!


  • Que vas en moto y tienes calor, tranquilo, no te pongas el casco. ¡No pasa nada!

IMG_7008Tolú la nuit.




  • Que vas a otro pueblo en autobús y tienes prisa. Malo. Aquí no se puede tener prisa. La buseta no saldrá del pueblo donde estás hasta que no se ocupen todas las plazas; puedes estar media hora esperando que se llene, con el cobrador sentado en la calle, antes de que la buseta salga definitivamente. Tranquilo, no pasa nada, aprende de esta gente, aquí no se sabe lo que es una úlcera de estómago.


  • Que tardan en traerte la comida… paciencia, ya llegará, y podrás renegar a gusto cuando la sopa llegue hirviendo.

Pero además:




  • La gente es tremendamente amable y cariñosa: a la orden, sí mi amor, no tesoro, no mhijo, no mano, con gusto, que usted lo pase bien, ¿cómo amaneció? ¿cómo se apañó?


  • El paisaje en el campo, cerca o lejos del mar, es maravilloso, paradisíaco. Grandes árboles de porte majestuoso, palmeras de todas clases, prados infinitos, verde por todas partes, lagos, pantanos, manglares, etc.

IMG_6700Esperando a los clientes, como cualquier taxista.


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Esto es una discoteca con pedales. Observar los altavoces bajo el tercer asiento. Yo le llamo: velobus, aunque también podría ser bicidiscobus.


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O colaboras con el conductor… o no hay paseo.




  • Pájaros de mil tamaños y colores diferentes, mariposas, zancudos (mosquitos famélicos), aquí no falta de nada.


  • Haciendas al estilo americano con grandes extensiones de terreno fértil pero con una belleza insuperable que ya la quisieran en Tejas.


  • Muy buen pescado, aunque la gastronomía no es la mejor de las artes aquí.


  • Y el mar… punto y aparte. El agua está deliciosa a las siete de la mañana y a la caída del sol. Durante el resto del día, si la playa es poco profunda, el agua resulta demasiado caliente.


  • Por las mañanas el mar está, habitualmente, plano, totalmente plano, como una balsa de aceite. El único problema aquí, en esta zona, es que la arena es tan fina que siempre hay una parte de ella en suspensión impidiendo que las aguas sean totalmente transparentes.

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Baño a las siete de la mañana. El mar… más plano imposible.




  • El atardecer se espera como si fuera el sorteo de la primitiva; los he visto maravillosos. El hotel donde estoy actualmente está orientado al oeste, con eso está dicho todo, ¡ah! se llama Hotel Caribe.

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  • Estar sentado por la noche frente al mar, esperando que la brisa te regale un beso tras otro, puede ser una experiencia inolvidable.


  • Y música, música por todas partes y a todas horas, sobre todo reguetón, la música propia de la región. Por la noche, lo que más me gusta cuando estoy sentado en la penumbra del paseo de la playa, resulta delicioso oír la música que desde lejos trae un vehículo de transporte público típico de aquí. La tracción del vehículo no aporta ruido alguno pero sí lo hace el equipo de música que lleva bajo los asientos, alimentado por una batería. El sonido de la música, casi siempre de muy buena calidad y nitidez –por moverse el vehículo pedaleando- se percibe cada vez con más fuerza a medida que el conjunto se acerca. Pasa junto a mi con toda su potencia, y luego va menguando a medida que el velobus se aleja, dejándote una dulce melancolía en el cuerpo. A partir de ese momento, sólo se percibe el ritmo suave de olas, como si fuera la tranquila respiración de ese mar tan inmenso y tan íntimo, ahora negro y durmiente. Estos artilugios a los que yo llamo velobuses consisten en una plataforma sobre cuatro ruedas de moto que se mueve a base de pedalear. Sobre la plataforma suele haber tres bancos paralelos. En el primer banco se sienta el conductor con su volante y dos clientes. En los otros dos bancos se sienta un total de seis clientes. Además del conductor, obligado por profesión a pedalear, dos o tres de los clientes colaboran aportando energía con su pedaleo. Resulta cómico ver cómo las cabezas de los que pedalean suben y bajan al ritmo de la música, mientras los demás permanecen estáticos.


  • De las mujeres… “mejor no hay que hablar”, como en el tango. Dicen que las costeñas son peligrosas, pero bueno, ¡qué le vamos a hacer! Ello no impide que sean el mejor y más estimulante espectáculo de cada día.