jueves, 13 de mayo de 2010

08-05-2010 CARTAGENA DE INDIAS

El arrecife coralino que yo no llegué a visitar... por no haber hecho el curso de buceo cuando debía, antes, claro.
La playa donde estaba mi hotel.

Alcira... sin palabras.


¡Qué sensación de paz y familiaridad en estas calles!

Una acogedora terraja junto a la muralla.

Una de las muchas plazas de Cartagena, todas ellas encantadoras.
La torre del Reloj Público, la entrada más popular y bonita a la ciudad amurallada.
No recuerdo cómo se llama esta iglesia, pero no la olvidaré.

8 de Mayo de 2010
Me desperté muy pronto, quizás por la excitación de otro viaje. Después de desayunar me doy un baño delicioso a las ocho de la mañana. Hoy que me voy parece que va a hacer un día espléndido.

De vuelta en la habitación, me enfrento con la tarea de meter todo entre la bolsa grande que he de facturar y la de mano. Intento meter lo más pesado en la bolsa de mano para evitar que la bolsa grande tome demasiado peso y tenga que pagar demasiado suplemento. ¡Es como si llevara la casa a cuestas! Al final tengo que rectificar porque la bolsa pequeña alcanzó los 18 kg y, cuando probé a caminar con ella, no podía disimular su peso. Me resigno a pagar el sobrepeso y vuelvo
a transferir cosas a la bolsa a facturar. Terminado el trabajo bajo al bar de la piscina para tomarme la última piña colada para ir haciendo tiempo.

Al poco rato de bajar las maletas llega puntualmente el taxi de la agencia de viajes que me ha de llevar al aeropuerto. Llegamos en menos de cinco minutos. Sorprendentemente, al facturar, no me cobran nada de sobrepeso, a pesar de era más de seis kilos.

En la maniobra que el avión hace para preparar el despegue pude hacer una foto con todo el recorrido de la pista principal, de punta a punta. Ya en el aire, desde la ventanilla pude hacer unas fotos impresionantes de todo el litoral de la propia costa de la capital San José y de los arrecifes cercanos. ¡Qué colorido tenía el arrecife con tantos matices de verde! La foto que voy a tratar de insertar, hecha con los cristales de la ventanilla por medio, no tiene la calidad suficiente para apreciar la maravillosa vista, pero ¡algo es algo! dijo un calvo al encontrarse un peine sin púas.

A la salida del aeropuerto de Cartagena me estaba esperando un monumento impresionante, una amiga de mi paisano Fran, el de Pereira. Me quedé boquiabierto. Por teléfono me avisaba de que me localizaría enseguida porque llevaba una camiseta amarilla muy llamativa. ¡Como para pasar por alto una mujer así!
Fran ya le había dado por teléfono instrucciones pormenorizadas. Subimos a un taxi y me llevó directamente a un hotel en Bocagrande, fuera de la ciudad amurallada. Bajamos las maletas del taxi pero, al ver la pinta del hotel fui a preguntar el precio: 180000 COP al día, ¡casi mi presupuesto para cinco días! Con el mismo taxi fuimos a parar a otro hotel donde pagué 70000 al día. El hotel era mediocre pero la habitación era grande y con aire acondicionado. Para dormir ya estaba bien.

Alcira - así se llama la amiga- es más alta que yo, 1.73 descalza, según ella; al salir del hotel, ella con tacones parecía mi mamá. Fuimos a comer, y luego pasamos la tarde charlando en lugares refrigerados hasta que oscureció, sobre las 6:30 de la tarde. Fue sólo entonces cuando fuimos al centro histórico porque ella quería que conociera la ciudad de noche, iluminada. Entramos por la Puerta del Reloj Público, la más importante de la muralla. Desde el primer momento, al entrar en la ciudad, te quedas extasiado. Es difícil explicarlo. De pronto todo te parece familiar, y para mí que he vivido un año en Canarias todavía más.

Las plazas parecen españolas, muchísimos balcones son de madera y con bonitos artesonados, como los más bonitos de Canarias. Todos los balcones repletos de flores. Las calles y sus monumentos muy bien iluminados. Se me olvidó llevar la cámara pero... mejor así, se me hubiera hecho medianoche haciendo fotos sin poder atender a mi anfitriona: Alcira, una cartagenera morena y caribeña, mucho más impresionante que la de la canción de las playas de Marbella. Recorrimos toda la ciudad de cabo a rabo, cenamos juntos, hablamos sin parar... porque no lo he dicho: además de guapa es simpática a tope.

Sobre las once de la noche nos separamos con el propósito de encontrarnos de nuevo al día siguiente después de comer, pues ella tenía un compromiso por ser el Día de la Madre que aquí es prácticamente fiesta nacional.
¡Qué más puedo decir! Un día super... y a dormir, como los niños buenos.

viernes, 7 de mayo de 2010

07-05-2010 SEGUNDO DIA EN SAN ANDRES






























7 de mayo de 2010

Es mi segundo y último día completo en San Andrés. Ha amanecido nublado, razón por la cual decido no intentar ninguna actividad subacuática porque sin la luz del sol la visibilidad escasa no compensa el esfuerzo de desplazarse de un sitio a otro de la isla.
Lo primero que hago es desayunar e inmediatamente darme un baño, antes de comenzar la digestión. En estas playas, salvo que te pongas a nadar en plan de hacer ejercicio, un baño tranquilo no supone ningún riesgo de corte de digestión porque el agua está caliente las 24 horas del día. Cuando yo me despierto y me asomo al balcón, en torno a las siete, la playa ya está llena de gente. La mayoría de los huéspedes del hotel se bañan antes de desayunar. Después de una ducha preparo la mochila con cámara y prismáticos y salgo con la intención de visitar un jardín botánico que al sur de San Andrés.
Después de preguntar donde tomar el autobús de línea hacia Loma Bara (Barack para los nativos) me pasé casi media hora esperando y observando. Aquí todo lo que ves se te antoja curioso y pintoresco. Por fin llega el bus. Impresionante, una reliquia. Por suerte, el autobús todavía conserva partes esenciales como el motor, las ruedas y los asientos. Es una pena que esté escribiendo desde un locutorio y no tengo aquí ninguna foto. El conductor, con más paciencia que un santo, va sorteando peatones, vehículos parados, motos en contradirección, y no se inmuta en absoluto cuando le hacen parar en cualquier parte, aunque sea trescientos metros después de la última parada.
Al cabo de un rato de movida conducción sube una señora negra de unos cincuenta años con unos ojos verdes preciosos. Enseguida se da cuenta de que me he quedado alucinado pero se muestra indiferente. Vamos recorriendo los barrios de la población más pobre con casas o cabañas diseminadas entre la espesa vegetación. Muchas veces se me presentan imágenes que me recuerdan las ya vistas en el viaje que Juani y yo hicimos al Senegal. Esto es Africa en América.
Por fin llego al jardín botánico. La recepción está muy bien organizada con tres o cuatro empleados "ocupados" todos haciendo algo en los ordenadores. Después de pagar 7000 COP me dan información, muy amables, e incluso me prestan una guía de venta a parte. No me dieron la información que más hubiera agradecido. Yo tenía la ilusión de encontrar un buen lote de flores raras que fotografiar, sobre todo orquídeas, pero había muy pocas flores. El jardín está muy bien diseñado en plan pedagógico para los estudiantes de ciencias o botánica, incluyendo todo tipo de plantas, no sólo las de flores. El itinerario va recorriendo unos parterres donde están plantadas las distintas especies agrupadas en familias. Después se llega a un edificio, una torre mirador, desde donde se ve todo el jardín. Al bajar se sigue un camino largo, todavía con ejemplares ordenados en ambos lados, que termina en un sendero que se mete en un bosque tropical espeso llevando al visitante hasta la salida. Lo más curioso del bosque es la presencia de varios tipos de lagartijas y lagartos. La más sorprendente de esas especies es una lagartija de unos quince cm que daba saltos de casi un metro de longitud. Saltaban desde las ramas de los árboles o desde piedras dándome unos sustos de miedo. Me entretuve en hacerles varias fotos y eso fue un error fatal. Unos pequeños insectos, que no eran mosquitos, muy negros y del tamaño de dos veces la cabeza de una aguja, me picaron más de 40 veces en cuestión de segundos. Me dí cuenta de las picadas, no en su momento, sino cuando comenzaron a escocer las primeras. Era tremendo. Sobre todo me picaron en la parte trasera del antebrazo, por encima de los codos, donde no las veía, lo mismo que en las pantorrillas y parte trasera de los muslos pues iba con pantalón corto. Después de protestar porque no me avisaron de esta peculiaridad del parque, para vengarme fui advirtiendo de las picadas a los que iban a entrar, enseñándoles cómo tenía ya los brazos. Un par de familias se marcharon pues las mujeres iban con camisetas de tirantes sin nada con que cubrirse.
Volví a toda prisa a San Andrés donde pude comprar un bálsamo para las picadas que me calmó bastante, aunque el escozor me duró dos días más. Al llegar al hotel, otro baño hasta la hora de la cena.
Luego me dediqué a preparar las maletas para el viaje del día siguiente, sábado, a Cartagena de Indias.










miércoles, 5 de mayo de 2010

05-05-2010 PRIMER BAÑO EN SAN ANDRES










NOTA PREVIA: Por problemas de conexión con Internet no pude subir esta entrada en su día. Ahora que estoy en condiciones de hacerlo, no sé como insertarlo sin que aparezca la fecha de hoy. Os ruego paciencia, confío en ir aprendiendo poco a poco.



05-05-2010
PRIMER DIA EN SAN ANDRES

Hoy podría ser un día espléndido porque después de más de un mes de estancia en Pereira, muy atendido y protegido por la familia de Nubia y por Fran y sus amigos, hoy voy a seguir mi periplo en solitario por Colombia.
Si lo inminente de separarme Nubia y su familia ya nos tenía algo nerviosos y sensibles, además todos estabamos destrozados de pena por la extrema gravedad en que se encuentra Luisa, la niña de diez años hija de Sandra, una prima hermana de Nubia. Ayer, después de una segunda operación de cáncr en sólo dos días, su resistencia se ha agotado y ya los médicos no dan a la familia ninguna esperanza.
Conocí a Luisa cuando llegamos. Desde ese momento me cautivó. Es una niña con una empatía tremenda que, a pesar de su dulce timidez y su cuerpo frágil y estilizado, absorbe la atención de cualquiera que se le acerque, despertando el cariño de todos de forma incontrolable. Desde que nació siempre ha estado muy delicada. Meses atrás, Nubia ya me pidió ayuda para una colecta de dinero que estaba haciendo para enviar dinero a Colombia para la anterior operación de Luisa. Cuando yo llegué a Pereira, toda la familia ya estaba consternada porque en tres semanas tenían que operarla de nuevo. Durante ese tiempo llegué a tomarle mucho cariño a la niña. Con ella y la familia de Nubia he ido a excursiones, al circo y a parques de juegos con la intención de que sus padres se quedaran algún rato solos para recuperarse o llorar.
Cuando esta mañana Nubia y yo íbamos camino del aeropuerto, nos han confirmado por teléfono que la niña está cada vez peor. La despedida ha sido muy triste, tanto por nuestra separación como el hecho de marchar yo en unas circunstancias tan dolorosas para la familia que tan generosa y hospitalaria ha sido conmigo. Al entrar en el control de seguridad me he sentido como si estuviera huyendo; ha sido muy desagradable.
Tanto el vuelo Pereira/Bogotá, con algo de retraso, como el de Bogotá a San Andrés han sido cómodos y agradables. En el primero he pasado un rato muy agradable charlando con un joven colombiano sobre los lugares interesantes que visitar aquí; en el segundo he viajado solo en una fila de tres asientos. El segundo vuelo ha sido en un avión de los grandes. Como para recordarlo ha sido el aterrizaje. Después de que el comandante nos lo anunciara, el avión comenzó a bajar, bajar y bajar. Cuando ya estábamos en un vuelo rasante sobre las olas, apareció de repente bajo nosotros la arena de la playa e, inmediatamente, la pista. Un aterrizaje muy suave, casi imperceptible. Al girar el avión sobe la pista para ir a la terminal, pude ver otra playa justo después del final de la pista. Esta claro que si un piloto se pasa un poco al aterrizar, obsequia a todo el pasaje con su primer baño en San Andrés.

Lo más pesado del viaje ha sido los controles de seguridad dirigidos a las personas y a las bolsas de mano. Al llegar a San Andrés me han revisado a fondo la bolsa grande que había facturado. Me estaba esperando personal de la agencia de viajes. Enseguida me han llevado al hotel Bahía Sardina, en el extremo norte de la isla, justo en frente de Jhonny Cay, uno de los islotes más populares de San Andrés.
Sin esperar a que me entregaran la habitación he pasado directo al restaurante que estaba a punto de cerrar… y el hambre que tenía no era para perder comba. La comida ha estado bien: una “sopa” que más bien era un plato de cocido con bastante grava, y una fuente con algo de pescado, carne, arroz blanco, ensalada y plátano frito. Para beber un jugo de guanábana.

Estaba empapado de sudor por el ajetreo del viaje y los treinta grados de temperatura que hace aquí. Tan sólo entrar en la habitación he buscado el traje de baño y he bajado a la playa que la tengo a escasos cuarenta metros del hotel. ¡Qué maravilla! ¡Qué agua! Verde por fuera, transparente por dentro y a unos veintisiete grados… como mínimo. ¡Qué delicia! Te pones de pie y la brisa te refresca y, cuando comienzas a tener frío te agachas y… ¡qué gozada de caricia con el agua templadita! Me he acordado de "los termales" de San Vicente y Santa Marta, cerca de Pereira, y de las termas que visitamos Juani y yo en Perú, a tres o cuatro mil metros de altura.

Al salir del agua me apeteció algo refrescante que beber. En el bar de la piscina me sirvieron el primer jugo de piña matizado con un jarabe dulce. Muy bueno. Subo a la habitación, me ducho, me pongo pantalones cortos y una camiseta blanca… y a dar mi primer paseo por la ciudad de San Andrés. ¡Qué voy a decir! ¿Que no me estreses?, ¿que me relaje?… no es necesario, el mismo ambiente ya te lo dice. Todo el mundo tranquilo.
Hay un sol brillante que enciende el mambo de colores con que se decora todo, especialmente las casas antiguas de madera. Toda la arquitectura tiene un aire anglosajón mezclado con detalles caribeños. Todo resulta brillante y alegre a la vista. Al cambiar de dirección, saliendo de la calle principal, llego al paseo marítimo. Me llama la atención los manglares que crecen a lo largo del paseo ocultando en parte la playa. Es curioso ver estos árboles creciendo sobre la misma orilla del mar dando sombra sobre la playa. El paseo es ancho con bastantes edificios bonitos a un lado y una acera amplia con algún edificio entre ella y la playa. Cuando consigo volver al hotel ya he hecho un buen número de fotos.
Entro en el hotel por la piscina y me tomo una deliciosa cerveza… y luego otra. ¡Barra libre! Me gusta. Subo a mi habitación, en cuarto piso y sin ascensor, me pongo otra vez el traje de baño, ¡y al agua! Ya comienza a caer la tarde y el agua está todavía mejor. Allí se me hace de noche, completamente. Es estupendo ver todo el paseo iluminado desde el agua.
Completamente arrugadas las manos de tanta agua vuelvo a subir para ducharme. Después de ducharme por segunda vez ¡que pecado! me entretengo un rato vaciando las maletas y colocando todo, de cualquier forma, en el armario. Cuando termino ya tengo hambre. ¡A cenar! ¡Qué vida tan dura la del jubilado! La cena resulta bastante parecida a la comida (o almuerzo, como aquí se dice). El camarero, sin saber que soy de Barcelona, me recomienda una “sopa catalana” que está muy buena. No me apetece mucho la sopa caliente pero la curiosidad me puede y la pruebo. Pues sí, por su sabor suave me ha recordado la sopa de payés: algo clara, patatas, garbanzos, carne de pollo. Yo le hubiera echado además un poco de zanahoria y algo de judía tierna o unos granitos de arroz.
Para bajar la cena voy a dar otro paseo pero esta vez por calles secundarias. Igual que en Pereira la gente está casi toda en la calle. Música colombiana por todas partes – la música moderna apenas se oye- gente charlando en los chiringuitos de jugos, chuzos (pinchos de carne) o perros (perros calientes), algunos locutorios todavía abiertos, bares, alguna tienda abierta. Mucha tranquilidad y mucho ambiente, sobre todo musical.
De vuelta sigo hasta un local casi anexo al hotel. Es un bar musical bastante grande, con muchas mesas en la terraza, pero donde la gente se sienta al otro lado de la acera, en un murete o pollo que separa al paseo de la playa. Todos los clientes están sentados en torno a unas mesas bajo las palmeras. Dos cantantes del negocio –que también es karaoke- con un micrófono inalámbrico en mano, se turnan cantando y bailando sobre la ancha acera mientras la música llega desde el interior del local. ¡Pobre camarero soportando la música allí dentro, a todo volumen! Las dos mujeres cantan muy bien pero la más joven, además, baila con una gracia y sensualidad fuera de lo corriente. Después de pasar un rato estupendo disfrutando de la brisa del mar y el contoneo de las cantantes, me voy a dormir pues estoy rendido.

05-05-2010 VIAJE A ISLA SAN ANDRES, PERLA COLOMBIANA DEL CARIBE

Aire cálido, brisa suave, atardecer en tecnicolor, paz... y yo aquí perdido, jubilado y sin vacaciones. ¡Qué le voy a hacer, habrá que conformarse!





Quien no se toma un CocoLoco en Jhonny Cai ... ¡es que está realmente loco!






El islote de Acuario. Sólo se ven peces donde se les da de comer, y nada espectaculares. No te alejes cien metros de donde está la gente porque no verás un pez. Además de tener escamas, estos peces no tienen un pelo de tonto. Cada día tienen el pienso asegurado. ¡Puro marketing!







¡Sólo falta percibir la brisa del mar!








El islote de Jhonny Cai al fondo, desde el hotel.









Un rincón del puerto deportivo.










Controlando lo incontrolable.











¡No hay más pista que ésta!












Miércoles, cinco de mayo de 2010.

Por fin he llegado al mar, nada menos que al mar Caribe. Para ello tuve que volar de Pereira a Bogotá, y de allí a la isla de San Andrés. El viaje fue muy bueno y cómodo. Lo más destacable fueron los registros de la bolsa de mano que llevaba y, al llegar a San Andrés, un exhaustiva revisión de la gran bolsa que había facturado.
El aterrizaje fue algo sorprendente. Después de que el comandante nos informara de la inminencia del mismo, el avión comenzó a bajar con suavidad pero no dejo de hacerlo hasta menos de cincuenta metros del las olas. Y siguió bajando hasta casi tocar el agua pero, justo a tiempo, aparecieron menos de cien metros de arena e inmediatamente la pista de aterrizaje. Cuando, al final de la pista, el avión giró para ir a la terminal, pude ver la playa del otro lado, pocos metros después del final de la pista.

Al salir de la terminal me esperaban para llevarme al hotel: Hotel Bahía Sardina. El hotel no llega a la categoría nuestra de tres estrellas pero no está mal. El único inconveniente es que no hay señal wifi.
Tenía tanta hambre que no quise ver la habitación, pasé directamente al comedor pues faltaba poco para que lo cerraran.
Después de comer dejé las maletas en la habitación y bajé a darme el primer baño en el mar desde hacía mas de un mes. Fue un baño delicioso en un agua verde esmeralda, tal cual la vi desde la habitación. El agua estaba más caliente que el aire ambiental con una brisa bastante fuerte. Es una delicia sacar la parte superior del cuerpo fuera del agua y, cuando ya te entra frío, agacharte y sentir el agüita templada que te acoge con un abrazo delicioso.
Me duché y fui a dar una vuelta por la ciudad. La gran mayoría de la población son negros o mulatos. Hay muchas casas de madera decoradas con gran diversidad de color. En algún momento ese ambiente me recordó a Senegal. Aquí Africa se siente por todas partes, aunque la gente no sea consciente de ello. La primera lengua aquí es el inglés caribeño, una jerga dificilmente entendible para un español e incluso para un inglés. La música de esta gente está muy ligada a la de Bob Marley y a Jamaica. El ambiente en la calle es cautivador tanto por las tiendas, los chiringuitos de comidas, la tranquilidad de la gente y la música presente en todas partes y a todas horas.
A la vuelta del paseo me pongo el traje de baño y... otro baño. Este segundo baño fue todavía mejor pues ya estaba cayendo la tarde. Allí estuve, en remojo, más de dos horas, hasta que se hizo totalmente de noche. ¡Qué bonito fue ver todo el paseo marítimo iluminado... desde el agua!
La cena estuvo bien. Para terminar la jornada me fui al local musical que hay junto al hotel. La temperatura era alta pero suavizada por las rachas de brisa que se me antojaban como verdaderas caricias de bienvenida que me daba la isla de San Andrés. Dos cantantes se turnaban cantando y bailando sobre la acera del paseo mientras la música sonaba a tope en el local completamente vacío. Todos los clientes estaban en la terraza, al otro lado del paseo, bajo las palmeras. Fue muy agradable pero después de consumir mi segunda cerveza me fui a dormir.


6 de mayo de 2010
He dormido de maravilla. Desayuno y voy en busca de la Cooperativa de Barqueros, donde espero compra un pasaje para visitar tres islotes muy populares aquí: Acuario, Jhony Cay y otro islote más pequeño del que no recuerdo el nombre. Después de esperar un rato -estaban dando largas a la salida porque yo era el único cliente- les amenacé con irme. Entonces me acompañaron hasta otra compañía de barqueros: la Bethoven. Otro ratito más y nos pusimos en marcha.
Acuario fue el primer islote que visitamos. Mucha gente, más gente que peces. Aquello era demasiado. La gente le echa pan a los peces y éstos, todos los de la zona, acuden en tropel. Hay muy poca variedad. Cuando te alejas de la gente ya no ves ni uno. Todos están enseñados a acudir donde esta la gente. Me decepcionó.
Después de visitar el islote sin nombre (que yo recuerde) al que se llega andando, sin nada de particular, nos dirigimos a Jhony Cay, que el el más famoso y que se encuentra justo en frente del hotel; este islote es lo primero que veo al levantarme. En Acuario ya se nos echaron encima vendiéndonos o alquilando de todo: sandalias para las rocas (5000 cop), una taquilla para la ropa (10000 cop), un paseo en barca de fondo transparente (20000 cop), gafas, aletas, etc. etc. Ahora, tan sólo llegar a Jhony Cay, nos reunen a todos los de la barca para una sesión de marketing: comida, cócteles, fotos, hamacas, sombrillas, etc. Yo lo único que quería saber es la hora de retorno a San Andrés para llegar a tiempo al hotel para comer... estoy a pensión completa. En Jhony Cay tampoco hay nada especial... salvo mucha gente y muchas oportunidades de gastarte los pesos. Aquello está super explotado.
El día no fue muy satisfactorio porque estuvo casi todo el tiempo nublado y la visibilidad en el agua estaba muy disminuida. Afortunadamente llegué al hotel a tiempo y comí muy bien. Por la tarde me di una buena siesta y estuve un buen rato leyendo. Me convencí de que San Andrés es un lugar para relajarse y disfrutar del clima y de las playas. Según dicen aquí, el arrecife de coral de San Andrés es el tercero en importancia del mundo. Como yo no tengo todavía el permiso de buceo, no le doy más vueltas, me dedicaré a descansar y a visitar lo que pueda de la isla; dejaré de lado el tema de buceo.
Por la tarde cayó un aguacero tremendo. Sólo parar de llover la playa volvía a estar llena de bañistas, y es que el agua está deliciosa en cualquier momento. ¡Veremos mañana que tiempo nos hace!

lunes, 3 de mayo de 2010

02-05-2010 VISITA A MEDELLIN. (RECORTAR CARIBE)































¿Verdad que suena bien este título? Pues sí, a punto estoy de marchar hacia allí. A pesar del atractivo que ha ejercido sobre tante gente, el Caribe nos ha parecido durante mucho tiempo algo inalcanzable, algo que teníamos que ver por la televisión o en un calendario colgado estratégicamente en una de las paredes de la oficina, algo así como una salida de emergencia contra la depresión. Ahora, gracias a Dios, mucha gente ha tenido ya la oportunidad de visitar esta maravillosa zona del mundo. Normalmente se ha tratado de visitas de una o dos semanas a Santo Domingo, Cuba, Jamaica, Panamá, etc. con la opción a un trepidante itinerario para visitar todos los lugares de interés de ese destino turístico, o bien disfrutar de una estancia de relax total con todos los gastos pagados en un lujoso hotel, sin apenas ver nada del país. Ninguna de esas dos opciones es la mía para este viaje. Ambas las conozco, y las dos las recomiendo pues son totalmente satisfactorias si se acierta a elegir la adecuada según nuestro estado de ánimo en cada ocasión.
Lo que yo pretendo es: vivir el Caribe. Para ello he escogido un lugar muy especial en la costa del norte de Colombia: Coveñas. Es un pueblo muy tranquilo, especialmente en esta época (baja o fría para los colombianos). El turismo que recibe es casi totalmente colombiano pero ahora sólo queda allí la gente del pueblo, los residentes habituales. Voy a alquilar una cabaña junto al mar y cerquita del pueblo con la intención de integrar todos los aspectos que me interesan: sol, mar, peces, tranquilidad, y gente cerca para confraternizar a base de charla, ron y reguetón, que es el baile popular en esa zona. Hay allí una gran proporción de raza negra que muchos convienen en llamar afrocaribeña. Recordáis aquello de: "me estás estresando..." o sea: tranquilidad y buenos alimentos, éso es lo que me espera... si no me machacan "los zancudos" unos mosquitos tremendos que salen a una hora muy concreta... ¡no podré prescindir del reloj!



Para evitarme el largo viaje por carretera desde Pereira a Coveñas, he optado por viajar en avión aprovechando un paquete turístico en oferta que he conseguido modificar un poco a mi conveniencia. Consiste en, desde Pereira volar para una estancia de cuatro días en la isla de San Andrés (una auténtica perla del Caribe) para luego volver al continente parando en Cartagena de Indias, lo más turístico de Colombia. Pasaré dos o tres días en esa magnifica ciudad colonial para conocer a fondo la ciudad. Desde Cartagena, con una hora de carretera llegaré por fin a mi nuevo retiro: Coveñas.
Estoy muy ilusionado con esta nueva fase de mi viaje. Creo que voy a experimentar en mi interior un choque cultural muy grande... y eso me excita. Hoy es mi penúltimo día en Pereira. Mi integración aquí ha sido muy grande, tanto que ya no me quedan alicientes. Ya necesito cambiar de aires, ir a un lugar completamente diferentae. Echo mucho a faltar el mar que tan cerca tenía en Las Palmas.

VISITA A MEDELLÍN


Ayer domingo decidí hacer una visita relámpago a Medellín, la segunda ciudad más importante de Colombia después de Bogotá. Salí a las 6:15 de Pereira y llegué a Medellín a las 11:30, más de cinco horas de viaje en un autocar bastante cómodo. No me importóla duración del viaje, durante todo el recorrido el paisaje fue espectacular. La vegetación en Colombia lo cubre todo, apenas pude ver tierra desnuda como suelo en todo el viaje. El verde de montes y prados sólo dejaba un resquicio de vez en cuando para poder ver el agua del río Cauca con unas aguas marrones corriendo a toda velocidad. A pesar de que estaba lloviendo sin parar, la velocidad del autobús y la suciedad de los cristales por el exterior, no pude resistir la tentación de hacer una foto tras otra. Aquello es de una belleza imposible de explicar para mí; nunca había disfrutado de un paisaje tan hermoso durante tantos kilómetros. Los árboles aquí no se parecen en nada a los de España, y no sólo por ser tropicales, sino porque son de una gran diversidad y todos con formas y volúmenes muy distintos unos de otros. Estamos acostumbrados a ver en Europa laderas de montañas cubiertas de pinos o abetos que dan una "textura" más o menos uniforme al paisaje. Aquí todas las laderas son de un relieve irregular muy marcado; cada árbol es diferente al de al lado, con una altura y una forma distintas. Contemplas una montaña y ves un montón de detalles diferentes en una pequeña extensión de bosque. Es algo impresionante, no te cansas de mirar y mirar.



Cuando llegué a Medellín subí a un taxi y me dirijí al centro de la ciudad. Tenía curiosidad por conocer esta ciudad pues muchas personas me habían dicho que era una maravilla. Es la segunda ciudad de Colombia pero está considerada la más moderna y elegante de toda la nación. Toda la gente de Pereira siente admiración por Medellín, todos me han recomendado que venga a visitarla, incluso Fran es un enamorado de ella. Marcharme al Caribe sin una visita a Medellín no me pareció correcto, así que decidí venir.



El taxi me dejó junto a una avenida peatonal con edificios de principios del siglo pasado, alguno de ellos con un diseño demasiado aparatoso y ostentoso para mi gusto. El paseo fue agradable y me llevó hasta la que aquí llaman "plazoleta de las Esculturas" en referencia a las 26 esculturas de Fernando Botero -hijo de esta ciudad- que se exiben por toda la plaza. Esta es una plaza grande y despejada, muy agradable, donde destaca un edificio, con elementos arquitectónicos propios de una iglesia, muy grande, con una mezcla de estilos tremenda: gótico, barroco, morisco, todo a cuadros blancos y grises como en algunas iglesias italianas... algo tremento, ojalá sea capaz de insertar aquí alguna de las fotos que hice.



La plaza estaba llena de vendedores ambulantes y un pillo que, sin disimulo, estaba pendiente de mí por si me descuidaba algo que robarme. Pronto se cansó porque yo también estaba pendiente de él. Yo llevaba mochila y en las manos tan sólo la cámara; el momento delicado era cuando me paraba a hacer una foto. Al final se cansó y se fue. El ambiente era interesante y animado por lo que decidí comer en un restaurante de la misma plaza. Comí muy bien pero caro: 35.000 COP, unos 9 €....una comida de lujo aquí.



Después de comer, otro taxi hasta el Pueblo Paisa. Es un pequeño parque donde se representa un pueblito colombiano típico, algo parecido en intención al Pueblo Español de Barcelona. Sobre el parque se ha construido un gran mirador desde donde se puede contemplar toda la capital. Es una ciudad muy grande con una población que "se estima" entre los 4 y 2,5 millones de habitantes.



Una de las zonas de la ciudad aparece como herizada de rascacielos. La parte más antigua ocupa el fondo del valle. Donde el llano del valle termina, la ciudad ha ido creciendo escalando las laderas de las montañas que la rodean, pero hasta mucha altura. Mi amigo Fran dice que Medellin, mirado desde este sitio y por la noche, parece un pesebre. En la oscuridad parece que las montañas están llenas de puntos de luz hasta las mismas cumbres. Todo el valle parece cercado por paredes de luces.



Medellín tiene una gran industria textil y es uno de los productores de flores más grandes del mundo. Es una ciudad de provincia con gran ambición, que va "por libre" en su afán de progreso, pasando bastante de Bogotá y del resto de la nación. Parece que entre las dos capitales hay una rivalidad parecida a la que siempre ha habido entre Madrid y Barcelona. Medellín tiene un metro -que yo no llegué a ver ayer- que es muy eficaz y bonito, el único de Colombia. Su apodo de "ciudad de la eterna primavera" da idea de lo suaves que son aquí las temperaturas durante todo el año. Estoy convencido que Medellín no se merece la impresión un tanto pobre que me llevo de ella. ¡Me han contando tantas maravillas de esta ciudad y de sus gentes que mis espectativas eran demasidado grandes! Tendré que volver y pasar una semana aquí, por lo menos.



Paseando sin cesar se pasó rápido el tiempo y comenzó a oscurecer; a las seis de la tarde ya es de noche. Otro taxi y a la terminal de autobuses. Para regresar tomé una furgoneta de ocho plazas. El viaje no fue tan cómodo como a la ida pero duró una hora menos, algo interesante cuando no hay nada que ver al otro lado de la ventanilla. Llegué a Pereira a las 22:30 después de unas cuatro horas saltando en el asiento.













BABYS SICARIOS






Este es el nombre de un reportaje de la cadena española cuatrotelevisión realizado por Jhon Sistiaga. Un equipo de periodistas vino hasta Pereira para hacer una investigación sobre los asesinatos a sueldo supuestamente ejecutados por niños de nueva a doce años. El reportaje se rodó en un barrio marginal de las afueras de la ciudad de Pereira, justo donde me encuentro ahora mientras escribo estas líneas.



Por lo que me han contado, el reportaje es de una crudeza extrema, tanto que ha levantado una gran polvareda tanto en toda Colombia como entre la comunidad colombiana residente en España. La familia de Nubia y yo nos enteramos por las llamadas que nos hicieron desde Las Palmas los hermanos de Nubia. Varios familiares vieron el reportaje desde aquí, por Internet, y les ha causado una gran impresión. Enseguida me dijeron que lo viera pero, cuando intenté hacerlo en mi apartamento, cuatrotelevisión ya había bloqueado los vídeos para su reproducción en Colombia como consecuencia de las protestas de la alcaldía de Pereira y del gobierno colombiano. Para lograr las declaraciones de los niños sicarios, los reporteros consiguieron permiso para introducirse en centro correccional donde se encontraban internados. Los niños hablaron largo y tendido en la confianza de que las imágenes no se iban a ver en Colombia, pero eso no ha dejado de ocurrir. Las imágenes las ha visto mucha gente y eso puede ser aquí condena de muerte para esos niños. Ese ha sido el argumento básico de las autoridades colombianas en sus protestas.



Yo no pude ver el reportaje pero sí pude leer los comentarios de quienes lo vieron en la misma página web de cuatro televisión. Había comentarios de muchos colombianos tanto en contra como a favor de dar a conocer este problema, aunque la mayoría lamentaban que este reportaje lo que más ha hecho ha sido perjudicar la imagen de Colombia en el exterior. A mí lo que me indigna es que alguién venga desde Europa hasta un barrio de una ciudad que, hasta hace poco yo no sabía que existía, al otro lado del mundo, para producir un programa de televisión sensacionalista. Este alarde ha hecho mucho daño aquí, especialmente en esa ciudad. En ese mismo barrio se instaló hace muchos años la familia de Nubia, de la misma forma que gente honrada se instaló en los barrios periféricos de Barcelona en los años cincuenta. Luego Pereira fue creciendo más y más, y toda la chusma fue a parar a ese mismo barrio, hasta el punto de que Nubia y sus hermanos tuvieron que sacar de allí a sus padres que se habían quedado solos.



Aquí nadie niega que lo expuesto en el reportaje no sea cierto, lo que les corroe es la intromisión de Jhon Sistiaga divulgando al mundo las vergüenzas de Pereira.



Yo soy testigo de la ilusión que los pereiranos tienen con su ciudad y los progresos que ya se han logrado en ella. En la primera visita que hice a Pereira con mi reciente amigo Fran Guitart como guía, este catalán de Sant Feliu de Guixols, empresario y residente en esta ciudad desde hace un año, me enseñaba con satisfacción dos grandes centros comerciales que fueron levantados en la zona más peligrosa de la ciudad, un inmenso barrio donde la policía no osaba entrar. La influencia de esos centros comerciales consiguió reurbanizar y regenerar esa zona de la ciudad hasta lograr conectar con otras zonas seguras de la misma. Han pasado muchos días desde que llegué, y desde entonces no he dejado de frecuentar esas calles que me resultan de las más atractivas y seguras. Naturalmente, a pesar de la gran apuesta que para el futuro de Pereira esto fue en su día, a pesar del éxito que evidentemente se ha alcanzado, esto no es noticia para el Sr. Sistiaga.



Tampoco es noticia el fenómeno de Megabús del que son pioneros en Pereira. La gente de aquí han sido capaces de diseñar un sistema de transporte público sumamente eficaz que muchas otras ciudades del mundo están imitando. Se trata de unos largos autobuses que recorriendo unos itinerarios estratégicos por las calles más importantes de la ciudad, disponen de un carril exclusivo para circular, balizado, de modo que ningún otro vehículo pueda acceder. Dispone de unas estaciones completamente cerradas pero con unas puertas que, al detenerse el autobús, las puertas de este último coinciden con las puertas de la estación, para que los pasajeros puedan pasar de un lado al otro con seguridad y sobre un mismo nivel. Al margen de las congestiones de tráfico, el Megabús lleva a los pasajeros de un lugar a otro de la ciuadad cumpliendo su horario sin dificultades.



Por lo visto, lo único que es noticia en Pereira es lo peor de Pereira, la vergüenza de Pereira, eso es lo que es preciso dar a conocer a todo el mundo, cueste lo que cueste, aunque haya que recorrer miles de kilómetros para lograrlo. ¡Qué iba a hacer este paladín de la justicia, el Sr. Jhon Sistiaga! No hay trabajo en España para él, allí todo está perfecto, no queda madera de reportaje en casa, pobrecillo, se queda sin trabajo, ¡tiene que venir hasta Pereira para ganarse las lentejas!



Yo, como español, he sentido vergüenza ajena cuando he visto a mis anfitriones aquí indignados con la mala prensa que Cuatro Televisión ha dado a Pereira. Ya he dicho por este mismo medio lo cordial, lo amable y lo hospitalaria que es la inmensa mayoría de la gente de Pereira. La buena gente de esta ciudad no se merece esto. Bastante tienen con tener viviendo infiltrados entre ellos a los del narcotráfico, los de las FARC y la delincuencia común. No hay derecho que les corten la ilusión de vivir en una ciudad que va mejorando poco a poco a pesar de la gran crisis que está soportando.



Estoy a punto de irme de Pereira y, después de un mes viviendo aquí, me voy con un grato recuerdo de ella. Me ha gustado la gente de aquí, me encanta el ambiente en el centro, me encantan sus comidas y sus jugos de frutas, me gusta su clima, me gustan sus mujeres... ¡no se puede pedir más! En junio volveré y lo haré con mucho gusto.



Desde aquí saludo a toda la gente que he conocido en Pereira y a todos los que tan amables han sido conmigo... sin conocerme.