Comprendo que sorprenda el título de esta entrada después de lo cotidiano de las anteriores. Desde que he llegado a Pereira he tenido muchos problemas con Internet. He perdido muchas horas de escritura al fallar la señal wifi, no he podido llevar a cabo la idea que tenía preparada para manteneros informados, y bueno, casi nada ha salido como esperaba, pero no importa, de una forma u otras continuaréis sabiendo de mí... si os apetece.
Pereira dejará un buen recuerdo en mí por tres motivos, básicamente, y los tres se basan en las relaciones humanas que he mantenido.
En primer lugar he de destacar el privilegio que se me ha dado de vivir en familia, en una familia colombiana, desde el momento de mi llegada hasta ahora. Ya puedo decir con bastante fundamento como es la gente de aquí en la intimidad. La familia de Nubia, toda ella, padres, hijo, hermanos, cuñados, sobrinos... todos ellos me han acogido como si fuera realmente uno de los suyos. He hablado en profundidad con cada uno, me han contado sus miedos y sus ilusiones, sus trabajos y sus aficiones, sus relaciones familiares y vecinales... en fin, todo aquello que aporta a uno ese sentimiento de integración y comprensión, esa empatía que a mí tanto me conmueve y reconforta.
Los primeros tres o cuatro días aquí dormí en casa de los padres de Nubia, luego ya me instalé en un apartamento amueblado muy bien equipado, y caro, que alquilé por 30 días que ahora pronto se cumplirán. Mi tiempo lo reparto entre estar con Nubia y su familia, compartir también muy buenos ratos con Fran (mi amigo catalán residente aquí) y sus amigos, y, como no, disfrutando a solas paseando por Pereira, yendo de excursión a los alrededores, y escribiendo, cantando o leyendo en casa.
Fran es el segundo motivo para recordar Pereira, y que conste que el orden sólo es cronológico, según lo he ido viviendo. Estar con Fran tiene la ventaja de compartir con él lo que a él le ha costado tiempo conseguir: unos amigos colombianos estupendos, hospitalarios, y tremendamente interesantes para mí: a parte de ser gente encantadora, son todos músicos o cantantes. Las reuniones fácilmente terminan cantando mientras yo experimento la sensación de que todo aquello quedará grabado en mi recuerdo de forma permanente. Hay momentos en que me siento realmente feliz. Con Fran voy a comer amenudo a sitios muy especiales, a tomar café en su oficina mientras reímos y bromeamos con sus colaboradores. ¡Es una suerte para mí contar con Fran! ¡Gracias Patricia, mi querida amiga, por ponerme en contacto con él!
El tercer motivo tiene que ver con la cordialidad, la accesibilidad, la cortesía, la hospitalidad, etc, de la gente de Pereira. Realmente es algo notable, palpable, constante y omnipresente allí donde vayas. Es un lujo que te atiendan de la forma en que lo hacen aquí; cualquier desconocido a quien haces una consulta en la calle, cualquier dependiente, hasta los mendigos son todos extremadamente amables y corteses. Y luego está el ambiente en la calle, tan lleno de cosas insólitas, chocantes e inolvidables. Voy a intentar hacer una relación de lo más impactante que he visto:
- El tráfico es alucinante. Es muy seguro porque aquí no se fía nadie de nadie. No hay sorpresas desagradables; el que conduce siempre está preparado para todo. Si tú no conduces es mejor que no mires, deja que lo haga el conductor.
- Los pasos cebra son para recordarte que tu cuerpo es más blando que la carrocería del coche que te pillará si no paras a tiempo. Tienen el mismo efecto que si los pintaran en la vía del ferrocarril. Párate y mira... te va la vida. ¡Cuánto dinero se habría ahorrado el ayuntamiento de Pereira si no hubiera pintado "las cebras"... y algún extranjero todavía seguiría vivo!
- La mayor parte de los delitos (robos y asesinatos) los cometían motoristas que actuaban y desaparecían en segundos entre el tráfico. Ahora eso se terminó. Todos los motoristas, conductor y acompañante si lo hay, ambos, llevan el casco y un chaleco con la matrícula de la moto impresa con grandes caracteres. No está permitido montar a dos hombres sobre una misma moto, y algo más fuerte todavía: a partir de las once de la noche está prohibido que circulen las motos, todo ello por motivos de seguridad ante la delincuencia.
- Circular a pie por la ciudad, de día, por las calles más importantes, es seguro porque la presencia de la policía es constante, tanto a pié como patrullando en moto o en "carro". Fuera de esas vías seguras hay todo un gradiente de inseguridad que depende del sitio o barrio donde te encuentres y de la hora. Por la noche se tiene que desplazar uno en taxi para ir de una zona segura a otra, y no exagero.
- Es impactante lo diferentes que son los vehículos de carga aquí respecto a Europa. Los camiones, de tipo medio a pesado, tienen unas cabinas o cabezas tractoras grandísimas. Son típicamente americanos: aparatosos, ostentosos, casi ridículos. La cabina de un camión de 10 o 12 toneladas de carga es tan larga como dos tercios de la caja de carga. Todas tienen el motor en un morro o capó prominente, algo impresionante. Caso aparte son las "chivas", unos autobuses decorados a todo color, sin ventanas ni puertas. Son algo parecido a los autobuses de países exóticos como Pakistan o Filipinas.
- Por todas las calles de la ciudad abundan los puestos de venta ambulante, sobre todo los de refrescos y comida. Ya en el centro de la ciudad, la proliferación de esos chiringuitos es abrumadora y de lo más diverso: comida cocinada, tortitas o arepas (típicas de aquí), fruta cortada de muchas clases, jugos o zumos, gafas, relojes, bolsos, correas, aparatos electrónicos, móviles, libros, juguetes, zapatos, ropa, etc. etc. y todo ello delante de las tiendas que venden lo mismo y que han de pagar sus impuestos. ¡Esto sí es competencia desleal, lo demás son cuentos! Y es que si toda esta manifestación comercial no se permitiera por parte de las autoridades, el país entraría en un colapso total. Así, como ellos mismos dicen, cada uno se busca la vida para poder subsistir. La crisis aquí no es sólo circunstancial como la nuestra, aquí ni siquiera piensan en la recuperación.
- El asunto de los "vendedores de minutos" merece un espacio a parte. Son los vendedores especializados más abundantes. Son personas que vistiendo un chaleco reflectante con la palabra MINUTOS impresa al frente y en la espalda, llevan varios teléfonos móviles sujetos cadenas al chaleco. Cualquiera que necesita hacer una llamada, accede a uno de esos teléfonos con un costo de 100 COP (por minuto) para llamadas nacionales, unos 3,5 céntimos de euro. Lo curioso es ver al empresario rodeado de seis u ocho personas hablando cada una con un móvil sujeto al chaleco del jefe. Aquello parece un carrusel de feria o un árbol de Navidad. Muy curioso.
- El tráfico, lo mismo que la música colombiana, es trepidante, estresante, agitada, rápida. He ido de un sitio a otra, sin prisa, lo digo porque lo sé, y en cambio el conductor conduce lo más rápido posible. No importa la hora, no importa nada, conductores particulares, taxistas, motoristas, todo el mundo conduce siempre lo más rápido posible. ¡Hay que acostumbrarse! Y de noche nadie para con un semáforo en rojo en una calle solitaria por miedo a que le atraquen. Uno se va asomando poco a poco... y si no viene nadie, a cruzar.
- Se ve toda la gama de vehículos: de lo más viejo a lo más moderno, de lo más modesto a lo más lujoso. Se ven todavía gran cantidad de R6, R12 y Fiat 124. También se ven grandes 4X4 y lujosísimos turismos. Y es que aquí viven tanto los más pobres como los más ricos del cartel de la droga. Hace unos días pasé por delante de la finca del más famoso capo de la droga: Pablo Escobar. La finca tenía de todo, hasta un parque zoológico particular.
- La gastronomía es de las cosas que más me ha gustado aquí. Hay platos deliciosos. Quizás sea esta la primera vez que no lo paso mal, por culpa de la comida, fuera de España. Hay muchos tipos de cocido, combinaciones de salado y dulce, mucho arroz y alubias (frijoles), mucho plátano frito, carnes, jugos de frutas exquisitos, etc. etc. Tan bien como aquí que he llegado a acostumbrarme a la ausencia de pan, vino y postres.
Lo peor de todo es el mal tiempo, mejor dicho, la lluvia de cada día, porque la temperatura es muy agradable y parecida a la de Canarias. Se han malogrado casi todas las excursiones que he hecho por culpa de la lluvia. Hoy, si para de llover, iré al centro a contratar un viaje, un combinado de vuelo a la isla de San Andrés, en pleno Caribe, cuatro días y tres noches allí, y vuelo de retorno a Cartagena de Indias, lo más turístico en Colombia. No sé si me quedaré unos días en Cartagena o me iré directamente a Coveñas, un pueblo turístico de la costa, también muy apreciado por los colombianos pero más económico. Allí me voy a quedar hasta que me canse, si es que eso ocurre.
Y bien, esto está yendo demasiado bien sin cortes de Internet. No voy a abusar y me paro aquí antes de que tenga una sorpresa desagradable. Un abrazo para todos y ¡hasta la próxima!
Chema