lunes, 26 de abril de 2010

24-04-2010 MI ULTIMA SEMANA EN PEREIRA

Hola a todos, familia, amigos,

Comprendo que sorprenda el título de esta entrada después de lo cotidiano de las anteriores. Desde que he llegado a Pereira he tenido muchos problemas con Internet. He perdido muchas horas de escritura al fallar la señal wifi, no he podido llevar a cabo la idea que tenía preparada para manteneros informados, y bueno, casi nada ha salido como esperaba, pero no importa, de una forma u otras continuaréis sabiendo de mí... si os apetece.

Pereira dejará un buen recuerdo en mí por tres motivos, básicamente, y los tres se basan en las relaciones humanas que he mantenido.
En primer lugar he de destacar el privilegio que se me ha dado de vivir en familia, en una familia colombiana, desde el momento de mi llegada hasta ahora. Ya puedo decir con bastante fundamento como es la gente de aquí en la intimidad. La familia de Nubia, toda ella, padres, hijo, hermanos, cuñados, sobrinos... todos ellos me han acogido como si fuera realmente uno de los suyos. He hablado en profundidad con cada uno, me han contado sus miedos y sus ilusiones, sus trabajos y sus aficiones, sus relaciones familiares y vecinales... en fin, todo aquello que aporta a uno ese sentimiento de integración y comprensión, esa empatía que a mí tanto me conmueve y reconforta.

Los primeros tres o cuatro días aquí dormí en casa de los padres de Nubia, luego ya me instalé en un apartamento amueblado muy bien equipado, y caro, que alquilé por 30 días que ahora pronto se cumplirán. Mi tiempo lo reparto entre estar con Nubia y su familia, compartir también muy buenos ratos con Fran (mi amigo catalán residente aquí) y sus amigos, y, como no, disfrutando a solas paseando por Pereira, yendo de excursión a los alrededores, y escribiendo, cantando o leyendo en casa.

Fran es el segundo motivo para recordar Pereira, y que conste que el orden sólo es cronológico, según lo he ido viviendo. Estar con Fran tiene la ventaja de compartir con él lo que a él le ha costado tiempo conseguir: unos amigos colombianos estupendos, hospitalarios, y tremendamente interesantes para mí: a parte de ser gente encantadora, son todos músicos o cantantes. Las reuniones fácilmente terminan cantando mientras yo experimento la sensación de que todo aquello quedará grabado en mi recuerdo de forma permanente. Hay momentos en que me siento realmente feliz. Con Fran voy a comer amenudo a sitios muy especiales, a tomar café en su oficina mientras reímos y bromeamos con sus colaboradores. ¡Es una suerte para mí contar con Fran! ¡Gracias Patricia, mi querida amiga, por ponerme en contacto con él!


El tercer motivo tiene que ver con la cordialidad, la accesibilidad, la cortesía, la hospitalidad, etc, de la gente de Pereira. Realmente es algo notable, palpable, constante y omnipresente allí donde vayas. Es un lujo que te atiendan de la forma en que lo hacen aquí; cualquier desconocido a quien haces una consulta en la calle, cualquier dependiente, hasta los mendigos son todos extremadamente amables y corteses. Y luego está el ambiente en la calle, tan lleno de cosas insólitas, chocantes e inolvidables. Voy a intentar hacer una relación de lo más impactante que he visto:



  • El tráfico es alucinante. Es muy seguro porque aquí no se fía nadie de nadie. No hay sorpresas desagradables; el que conduce siempre está preparado para todo. Si tú no conduces es mejor que no mires, deja que lo haga el conductor.

  • Los pasos cebra son para recordarte que tu cuerpo es más blando que la carrocería del coche que te pillará si no paras a tiempo. Tienen el mismo efecto que si los pintaran en la vía del ferrocarril. Párate y mira... te va la vida. ¡Cuánto dinero se habría ahorrado el ayuntamiento de Pereira si no hubiera pintado "las cebras"... y algún extranjero todavía seguiría vivo!

  • La mayor parte de los delitos (robos y asesinatos) los cometían motoristas que actuaban y desaparecían en segundos entre el tráfico. Ahora eso se terminó. Todos los motoristas, conductor y acompañante si lo hay, ambos, llevan el casco y un chaleco con la matrícula de la moto impresa con grandes caracteres. No está permitido montar a dos hombres sobre una misma moto, y algo más fuerte todavía: a partir de las once de la noche está prohibido que circulen las motos, todo ello por motivos de seguridad ante la delincuencia.

  • Circular a pie por la ciudad, de día, por las calles más importantes, es seguro porque la presencia de la policía es constante, tanto a pié como patrullando en moto o en "carro". Fuera de esas vías seguras hay todo un gradiente de inseguridad que depende del sitio o barrio donde te encuentres y de la hora. Por la noche se tiene que desplazar uno en taxi para ir de una zona segura a otra, y no exagero.

  • Es impactante lo diferentes que son los vehículos de carga aquí respecto a Europa. Los camiones, de tipo medio a pesado, tienen unas cabinas o cabezas tractoras grandísimas. Son típicamente americanos: aparatosos, ostentosos, casi ridículos. La cabina de un camión de 10 o 12 toneladas de carga es tan larga como dos tercios de la caja de carga. Todas tienen el motor en un morro o capó prominente, algo impresionante. Caso aparte son las "chivas", unos autobuses decorados a todo color, sin ventanas ni puertas. Son algo parecido a los autobuses de países exóticos como Pakistan o Filipinas.

  • Por todas las calles de la ciudad abundan los puestos de venta ambulante, sobre todo los de refrescos y comida. Ya en el centro de la ciudad, la proliferación de esos chiringuitos es abrumadora y de lo más diverso: comida cocinada, tortitas o arepas (típicas de aquí), fruta cortada de muchas clases, jugos o zumos, gafas, relojes, bolsos, correas, aparatos electrónicos, móviles, libros, juguetes, zapatos, ropa, etc. etc. y todo ello delante de las tiendas que venden lo mismo y que han de pagar sus impuestos. ¡Esto sí es competencia desleal, lo demás son cuentos! Y es que si toda esta manifestación comercial no se permitiera por parte de las autoridades, el país entraría en un colapso total. Así, como ellos mismos dicen, cada uno se busca la vida para poder subsistir. La crisis aquí no es sólo circunstancial como la nuestra, aquí ni siquiera piensan en la recuperación.

  • El asunto de los "vendedores de minutos" merece un espacio a parte. Son los vendedores especializados más abundantes. Son personas que vistiendo un chaleco reflectante con la palabra MINUTOS impresa al frente y en la espalda, llevan varios teléfonos móviles sujetos cadenas al chaleco. Cualquiera que necesita hacer una llamada, accede a uno de esos teléfonos con un costo de 100 COP (por minuto) para llamadas nacionales, unos 3,5 céntimos de euro. Lo curioso es ver al empresario rodeado de seis u ocho personas hablando cada una con un móvil sujeto al chaleco del jefe. Aquello parece un carrusel de feria o un árbol de Navidad. Muy curioso.

  • El tráfico, lo mismo que la música colombiana, es trepidante, estresante, agitada, rápida. He ido de un sitio a otra, sin prisa, lo digo porque lo sé, y en cambio el conductor conduce lo más rápido posible. No importa la hora, no importa nada, conductores particulares, taxistas, motoristas, todo el mundo conduce siempre lo más rápido posible. ¡Hay que acostumbrarse! Y de noche nadie para con un semáforo en rojo en una calle solitaria por miedo a que le atraquen. Uno se va asomando poco a poco... y si no viene nadie, a cruzar.

  • Se ve toda la gama de vehículos: de lo más viejo a lo más moderno, de lo más modesto a lo más lujoso. Se ven todavía gran cantidad de R6, R12 y Fiat 124. También se ven grandes 4X4 y lujosísimos turismos. Y es que aquí viven tanto los más pobres como los más ricos del cartel de la droga. Hace unos días pasé por delante de la finca del más famoso capo de la droga: Pablo Escobar. La finca tenía de todo, hasta un parque zoológico particular.

  • La gastronomía es de las cosas que más me ha gustado aquí. Hay platos deliciosos. Quizás sea esta la primera vez que no lo paso mal, por culpa de la comida, fuera de España. Hay muchos tipos de cocido, combinaciones de salado y dulce, mucho arroz y alubias (frijoles), mucho plátano frito, carnes, jugos de frutas exquisitos, etc. etc. Tan bien como aquí que he llegado a acostumbrarme a la ausencia de pan, vino y postres.

Lo peor de todo es el mal tiempo, mejor dicho, la lluvia de cada día, porque la temperatura es muy agradable y parecida a la de Canarias. Se han malogrado casi todas las excursiones que he hecho por culpa de la lluvia. Hoy, si para de llover, iré al centro a contratar un viaje, un combinado de vuelo a la isla de San Andrés, en pleno Caribe, cuatro días y tres noches allí, y vuelo de retorno a Cartagena de Indias, lo más turístico en Colombia. No sé si me quedaré unos días en Cartagena o me iré directamente a Coveñas, un pueblo turístico de la costa, también muy apreciado por los colombianos pero más económico. Allí me voy a quedar hasta que me canse, si es que eso ocurre.


Y bien, esto está yendo demasiado bien sin cortes de Internet. No voy a abusar y me paro aquí antes de que tenga una sorpresa desagradable. Un abrazo para todos y ¡hasta la próxima!


Chema



lunes, 19 de abril de 2010

19-04-2010 EN PEREIRA, ORDENANDO MIS IDEAS

Me encuentro en Pereira, Colombia, desde el 1 de Abril de 2010, o dicho de otra forma: hace prácticamente veinte días. Durante este tiempo pasado aquí he ido acumulando muchas experiencias, la gran mayoría de ellas muy satisfactorias. Hasta ahora he visto pocas cosas impactantes desde un punto de vista turístico, en cambio he tenido la fortuna de vivir una inmersión profunda en la cultura del pueblo colombiano, en sus costumbres, en sus actitudes, en su gastronomía, en sus inquietudes, en sus alegrías, en sus miedos y en sus sueños.
Estoy viviendo la experiencia viajera más entrañable de mi vida. Esta vez no voy recorriendo una parte del mundo con el tiempo encorsetado en unas cortas vacaciones. Esta vez no voy de aquí para allá sacando humo a la cámara de fotos, y siempre con miedo de dejarme algo interesante allí, justo donde, probablemente, no voy a volver jamás.
Esta vez voy a por todas. No hay problema de tiempo, no hay, afortunadamente, problema de dinero, sólo hay un gran riesgo: la nostalgia. Atrás ha quedado la familia, los amigos, mi Cataluña y mis Canarias, mi España: el pan y el vino, el jamón y el queso, el café corto con sacarina en el bar de Charly y en La Rambla, en El Prat, y las juergas en La Calita y La Estación, y la playa de Las Canteras en Las Palmas... y tántas cosas más. Tanto amor dejado atrás actúa sobre como una banda elástica que te mantiene atado a tus recuerdos. Vas haciendo camino y parece que todo va bien... pero ¿qué pasará cuando el camino recorrido llegué a tensar la banda? Cuando ese momento llegue, es muy probable que cada vez cueste más caminar en dirección contraria a la sinérgicas atracciones de tu tierra y de tu gente. Sólo hay una vía para contrarrestar esa tremenda atracción, creo yo: anclar tu corazón en el cariño de la gente y la tierra que vas conociendo.
Espero que allí donde llegue a pararme siempre acabe surgiendo la necesidad de marchar a conocer otros sitios y otras gentes. Dios me libre de llegar a desarrollar en algún sitio unas raíces tan profundas que me impidan seguir adelante, adelante, para, finalmente, llegar de nuevo a casa.

A partir de la próxima entrada trataré de combinar el relato en diferido de lo que he ido haciendo, viendo u oído desde que llegué a Colombia, con la crónica de lo que vaya surgiendo y que condidere interesante para vosotros.

Querida familia, amigos, amigas... un abrazo muy fuerte para todos. Os quiero.
¡Deseadme suerte!

Chema/ Jose Mari / Josep María / ¡qué más da!

jueves, 1 de abril de 2010

01-04-2010 PRIMER DIA EN COLOMBIA. PEREIRA

Pendientes y toboganes de vértigo en los barrios populares. La foto está tomada desde la calle 30 de Agosto, una de las vías más importantes de Pereira. Al final de la calle, al fondo, vive la familia de Nubia.


Aquí estoy frente a la estatua del "Bolibar desnudo", en el Parque Simón Bolivar, la plaza más importante de Pereira.



Metido en ambiente en un cruce del Centro.




Así están de vendedores ambulantes todas las calles del Centro. Dar un paseo por aquí es tan distraído como ir al cine.





Vista del Parque Bolivar con la catedral al fondo.






El Bolivar desnudo.







01-04-2010

Cuando amanezco… así se estila decir aquí en lugar de “cuando despierto”, no sé ni donde estoy. He dormido como un tronco, un tronco fósil. Me doy una larga ducha templadita, salgo al salón y comienzo a presentar mis respetos todos los miembros de la familia de Nubia, a medida que van apareciendo.

Enseguida me sirven un desayuno un poco duro para mí: arepa de huevo (torta de maíz con huevo revuelto por encima), un puñado de frijoles (alubia roja), arroz y plátano frito. Para beber un refresco de manzana con, a mi parecer, un poco de grosella, de hecho la bebida tiene el color de esa última, y le llaman “colombiana”, supongo porque es muy consumida aquí.

En cuanto doy cuenta de tan copioso desayuno, Jhonny, el hijo de Nubia, de 23 años y padre de una niña de meses que sigue en España con su madre, me lleva al encuentro de Fran (Françesc Guitart) el amigo de Sant Feliu de Guixols que reside aquí desde hace dos años.

Hace un calor de aúpa. Vamos recorriendo las calles de Pereira y me da la sensación de que estamos circulando sobre la superficie de una monumental bandeja de huevos, esos cartones ahuecados donde se encajan varias docenas de huevos. En esta zona de la ciudad todo es o una gran pendiente o un gran tobogán. Jhonny ha llegado de Gran Canaria hace menos de un mes y, después de pasar varios años allí, ahora le cuesta un poco orientarse.

En esta ciudad, y supongo que en toda Colombia, las calles están dispuestas en forma de cuadrícula. En un sentido, a todas las vías paralelas se las identifica por el nombre de carrera y un número. Creo que el número crece de este a oeste. En cambio, a todas las vías perpendiculares se las identifica por el nombre de calle y un número. Creo que los números van creciendo de norte a sur, pero no estoy del todo seguro. La numeración de las casas sí que es complicada, en realidad es la combinación de dos números. Si la casa está en una carrera, el primer número (generalmente con sólo dos cifras) indica el nº de orden de esa carrera, y el segundo número indica simplemente en nº de orden de esa casa en la carrera indicada anteriormente. Si la casa está en una calle, el primer número indica el nº de la carrera (perpendicular) más inmediata con valor menor. Por ejemplo: si la casa está entre las carreras 12 y 13, el primer nº de la casa sería: 12. En cambio, el segundo número de la casa sería el nº de orden desde el principio de la calle, por ejemplo: 12 – 127. Dicho de otra forma, la tercera casa de ese lado al principio de la calle sería la 01 – 05. Espero haber sido capaz de explicarlo porque yo tardé muchos días en entenderlo con “la ayuda” de los locales.

Como que ya había contactado con Fran antes de salir a su encuentro, él nos estaba esperando asomado a la ventana de su oficina, e inmediatamente lo vimos cuando acertamos a pasar por allí. Yo bajé del coche y Johnny fue a aparcar. Fue un emotivo abrazo el que nos dimos Fran y yo. Nos conocimos hace dos semanas en Barcelona cuando ambos coincidimos allí para visitar a nuestras respectivas familias. Cuando llega Johnny le presento a Fran, y juntos subimos a la oficina. Allí nos presentan a los colaboradores de Fran y nos invitan a un café. El negocio consiste en la distribución de licores, básicamente, pero ya han abierto otras líneas como cosméticos y productos alimenticios; algo dispar, desde luego. Cuando Jhonny se despide, Fran me conduce hasta el estudio de grabación de su amigo y vecino de apartamento: Jaider.

Para acceder a la escalera del céntrico edificio donde está el estudio de Jaider, un guardia privado y armado nos pregunta a quién deseamos ver desde el otro lado de la puerta de cristal cerrada con llave. Pasada la información, el guardia llama por teléfono a Jaider y, sólo con su aprobación, el guardia nos abre la puerta. Cuando llegamos al ático donde se encuentra el estudio, Jaider está en la típica zona aislada acústicamente que todos hemos visto alguna vez en una película. Sentí una fuerte excitación, por primera vez estaba delante de un sitio en donde toda mi vida he soñado estar cantando como un profesional. Justo entonces terminaron la sesión de trabajo, de modo que al salir todos de la cabina comenzaron de nuevo las presentaciones.

Jaider en un joven de 31 años, delgado, de 1.75 de altura, muy moreno y muy cordial y amable. Ya es un prestigioso productor musical en Pereira y bastante conocido en el entorno musical colombiano. A los diez años su padre le regaló un buen piano electrónico –según nos contó él días más tarde- y a los 12 años comenzó a ganar dinero colaborando con músicos profesionales. Produce canciones a pedido y también apadrina artistas para desarrollar a tope tanto su potencial artístico como económico.

Después de charlar un rato los tres, Fran y yo nos vamos a comer a un centro comercial, el Victoria, muy cerca de allí. Me quedo impresionado por el buen aspecto de este centro comercial: bien diseñado, espacioso, bien iluminado, tiendas muy bien dispuestas, limpio y relativamente lujoso. Respecto a uno español sólo se diferencia en que en éste hay bastantes tiendas pequeñas aprovechando todos los huecos que han quedado entre las tiendas grandes. Aprovechando la bonanza del clima de aquí, hay varias terrazas cubiertas de gran tamaño al aire libre en las plantas superiores. Toda una hilera de mostradores de muy diversos restaurantes comparten el gran conjunto de mesas de la terraza. Comemos un “menú ejecutivo” que consiste en un tazón de sopa con menudillos y un plato grande con un filete de róbalo (parecido al lenguado) en salsa de champiñones con patatas fritas y algo de ensalada. Para beber un zumo de “tomate de árbol” riquísimo. Todo ello por 10.000 COP, pesos colombianos, ¡algo menos de 4 €!

Cuando terminamos de comer, nos vamos a tomar un café radicalmente auténtico colombiano. Vamos al bar que Juan Valdéz tiene en la planta baja del centro comercial. Está riquísimo. Juan Valdéz es en realidad una mancomunidad de productores de café creada para promocionar este producto emblemático de Colombia a nivel internacional.

Acto seguido, Fran vuelve a la oficina y yo me dirijo a casa de Nubia. Estamos en pleno Jueves Santo y ella me ha sugerido que la acompañe, con toda su familia, a ver la procesión. Después de un rato de charla salimos todos, también en procesión, ocho o nueve, a ver la procesión religiosa que sale de la catedral. La catedral es de un estilo que yo, aunque entiendo muy poco de arquitectura, diría que es un barroco colonial, una mezcla rara pero de resultado agradable. Lo más curioso de ella es que toda la estructura que soporta el techo está hecha completamente en madera, todo un entramado de vigas de madera que sorprende sobremanera. En el interior el fervor de la gente rezando y cantando es impresionante.

Cuando ya va a comenzar la procesión, nos apostamos todos en las escalinatas de un edificio a cincuenta metros de la catedral. Todo está lleno de gente y algunos pasos de la procesión ya están fuera de la catedral. Los primeros estandartes de la procesión ya están delante de nosotros… pero inmóviles y sin señales de que el evento sea realmente para hoy. Después de mucho rato comienzan a caminar, pero antes de recorrer veinte metros tenemos la primera paradita.

Los participantes en la procesión hacen gala de mucha seriedad y fervor, pero enseguida se echa a faltar algo a lo que estamos acostumbrados en España, y no se trata de la opulencia de los pasos ni de las indumentarias. Yo echo a faltar la solemnidad, el empaque de la tradición, la clase, algo que en España tienen todas las procesiones, desde la más pequeña de pueblo a las más grandes como Valladolid, Zamora, Sevilla o Málaga. Da la impresión de que estoy viendo una obra de teatro infantil, y lo digo con todo respeto hacia estos fieles que participan con tanta ilusión.

Igual que en España, en Málaga por ejemplo, el ejército colombiano participa masivamente en la procesión. Lo que más me llamó la atención fue un grupo de “romanos” que llevaban, cada uno de ellos, una especie de xilofón en forma de estandarte. Lo portaban sostenido por el mástil con la mano izquierda, y con el extremo del mismo apoyado en el cinto. En la mano derecha asían una varilla con un plomo en el otro extremo, y con ella iban golpeando las láminas metálicas del xilofón, arrancando con ello una música muy agradable. Esto fue lo más original de la procesión.

La marcha de la procesión estaba muy mal acompasada. Largas paradas seguidas de arranques a toda marcha. Daba la impresión de que era la primera vez que se celebraba esa solemnidad y que no había experiencia de otros años. Los pasos eran modestos pero muy bien ornamentados y con bonitas tallas o esculturas. Fue una bonita experiencia tan lejos de España.

Cuando terminaron de desfilar los pasos nos fuimos todos juntos a tomar unos jugos, así llaman aquí a los zumos que son variadísimos dado que aquí la variedad de frutas es inmensa. A continuación tuvimos nuestra segunda procesión particular hasta casa de Nubia.