jueves, 13 de mayo de 2010

08-05-2010 CARTAGENA DE INDIAS

El arrecife coralino que yo no llegué a visitar... por no haber hecho el curso de buceo cuando debía, antes, claro.
La playa donde estaba mi hotel.

Alcira... sin palabras.


¡Qué sensación de paz y familiaridad en estas calles!

Una acogedora terraja junto a la muralla.

Una de las muchas plazas de Cartagena, todas ellas encantadoras.
La torre del Reloj Público, la entrada más popular y bonita a la ciudad amurallada.
No recuerdo cómo se llama esta iglesia, pero no la olvidaré.

8 de Mayo de 2010
Me desperté muy pronto, quizás por la excitación de otro viaje. Después de desayunar me doy un baño delicioso a las ocho de la mañana. Hoy que me voy parece que va a hacer un día espléndido.

De vuelta en la habitación, me enfrento con la tarea de meter todo entre la bolsa grande que he de facturar y la de mano. Intento meter lo más pesado en la bolsa de mano para evitar que la bolsa grande tome demasiado peso y tenga que pagar demasiado suplemento. ¡Es como si llevara la casa a cuestas! Al final tengo que rectificar porque la bolsa pequeña alcanzó los 18 kg y, cuando probé a caminar con ella, no podía disimular su peso. Me resigno a pagar el sobrepeso y vuelvo
a transferir cosas a la bolsa a facturar. Terminado el trabajo bajo al bar de la piscina para tomarme la última piña colada para ir haciendo tiempo.

Al poco rato de bajar las maletas llega puntualmente el taxi de la agencia de viajes que me ha de llevar al aeropuerto. Llegamos en menos de cinco minutos. Sorprendentemente, al facturar, no me cobran nada de sobrepeso, a pesar de era más de seis kilos.

En la maniobra que el avión hace para preparar el despegue pude hacer una foto con todo el recorrido de la pista principal, de punta a punta. Ya en el aire, desde la ventanilla pude hacer unas fotos impresionantes de todo el litoral de la propia costa de la capital San José y de los arrecifes cercanos. ¡Qué colorido tenía el arrecife con tantos matices de verde! La foto que voy a tratar de insertar, hecha con los cristales de la ventanilla por medio, no tiene la calidad suficiente para apreciar la maravillosa vista, pero ¡algo es algo! dijo un calvo al encontrarse un peine sin púas.

A la salida del aeropuerto de Cartagena me estaba esperando un monumento impresionante, una amiga de mi paisano Fran, el de Pereira. Me quedé boquiabierto. Por teléfono me avisaba de que me localizaría enseguida porque llevaba una camiseta amarilla muy llamativa. ¡Como para pasar por alto una mujer así!
Fran ya le había dado por teléfono instrucciones pormenorizadas. Subimos a un taxi y me llevó directamente a un hotel en Bocagrande, fuera de la ciudad amurallada. Bajamos las maletas del taxi pero, al ver la pinta del hotel fui a preguntar el precio: 180000 COP al día, ¡casi mi presupuesto para cinco días! Con el mismo taxi fuimos a parar a otro hotel donde pagué 70000 al día. El hotel era mediocre pero la habitación era grande y con aire acondicionado. Para dormir ya estaba bien.

Alcira - así se llama la amiga- es más alta que yo, 1.73 descalza, según ella; al salir del hotel, ella con tacones parecía mi mamá. Fuimos a comer, y luego pasamos la tarde charlando en lugares refrigerados hasta que oscureció, sobre las 6:30 de la tarde. Fue sólo entonces cuando fuimos al centro histórico porque ella quería que conociera la ciudad de noche, iluminada. Entramos por la Puerta del Reloj Público, la más importante de la muralla. Desde el primer momento, al entrar en la ciudad, te quedas extasiado. Es difícil explicarlo. De pronto todo te parece familiar, y para mí que he vivido un año en Canarias todavía más.

Las plazas parecen españolas, muchísimos balcones son de madera y con bonitos artesonados, como los más bonitos de Canarias. Todos los balcones repletos de flores. Las calles y sus monumentos muy bien iluminados. Se me olvidó llevar la cámara pero... mejor así, se me hubiera hecho medianoche haciendo fotos sin poder atender a mi anfitriona: Alcira, una cartagenera morena y caribeña, mucho más impresionante que la de la canción de las playas de Marbella. Recorrimos toda la ciudad de cabo a rabo, cenamos juntos, hablamos sin parar... porque no lo he dicho: además de guapa es simpática a tope.

Sobre las once de la noche nos separamos con el propósito de encontrarnos de nuevo al día siguiente después de comer, pues ella tenía un compromiso por ser el Día de la Madre que aquí es prácticamente fiesta nacional.
¡Qué más puedo decir! Un día super... y a dormir, como los niños buenos.

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