lunes, 29 de marzo de 2010

29-03-2010, LOS ULTIMOS PREPARATIVOS

Hoy es mi último día en Las Palmas antes de emprender mi gran viaje. Estoy muy, muy excitado. En muy pocos días he tenido que hacer un montón de cosas, veamos:




  • despedirme de todos los amigos y amigas de Las Palmas... ardua y dolorosa tarea,


  • dejar todo bien atado en los dos bancos de donde soy cliente,


  • contratar la próxima declaración de renta en una gestoría,


  • entregar la furgoneta/vivienda a unos amigos para que la sigan utilizando,


  • guardar y despedir a mi querida moto,


  • decidir qué cosas me llevaré a este viaje de duración indefinida,


  • hacer las maletas, pesarlas, deshacerlas, quitar peso, volverlas a hacer, etc, etc,


  • empaquetar el resto de mis pertenencias y endosarlas a los amigos para que las guarden,


  • pedir favores y más favores a los incautos amigos que se anticiparon a ofrecerme su ayuda. Ahora acabo de pedir, probablemente, el último favor.


Creo que ya lo tengo todo listo. Estoy en el pequeño salón de mi apartamento mirando apiñados los últimos bultos que tengo que llevarme para dejar vacía la que ha sido mi casa durante casi ocho meses. Son dos maletas y un bolso de mano, para el viaje, y media docena de bultos más. Hace un momento que he llamado a mi gran amiga Amparo Velazquez (Ampi) para avisarla de que ya puede venir a recogerme para quedarse con lo que le toca guardar a ella, y llevarme con el resto de los trastos hasta Vecindario para reunirme con mi compañera de viaje a Colombia: Nubia.



Estoy quieto, algo que no "hacía" desde hace días. Sólo miro y pienso. Miro las maletas, los trastos, el apartamento con los muebles vacíos... nada parece dar la más mínima pista de que yo he vivido aquí. Miro por última vez la placita de delante de casa y siento a mis espaldas la playa de Las Canteras, la maravilla que motivó mi venida aquí desde mi pueblo de siempre, El Prat de Llobregat en Barcelona.



El timbre de teléfono me rescata de la menlancolía. Es Ampi que ya está abajo con su Toyota Rav4 listo para ser rellenado como un pavo al horno. Mientras ella espera junto al coche, por si viene la grúa, yo comienzo el trasiego de todos los trastos sacando humo al ascensor. En apenas diez minutos está todo listo. Como último acto de despedida dejo las llaves del apartamento en el buzón del administrador. Enseguida subo al coche y salimos hacia Vecindario.



Durante el viaje hablamos de los trámites administrativos que ella me tiene que hacer mientras yo estaré ausente. Luego comentamos los cambios que, de forma inminente, se van a producir en nuestras vidas. Ella tiene previsto ir a trabajar a Estados Unidos para perfeccionar el inglés que tanto ha estudiado últimamente. Inmersos en nuestra conversación llegamos a Vecindario sin darnos cuenta. Ayudado por Nubia en la esquina de su casa y por Ampi junto al coche, vuelvo a trasladar el equipaje y los trastos que se quedarán en casa de la primera. Y llega el momento de despedirme de Ampi: un largo abrazo y muchos besos. ¡Esto sí es una amiga!



Una vez subido todo a casa de Nubia, me siento durante unos minutos para intentar relajarme. Allí están la nuera y nieta (de meses) de Nubia, y una sobrina con su bebé. Pronto decidimos salir para despedirnos de resto de la familia de ella. Tenemos previsto que Jhon, uno de los hermanos que tiene Nubia aquí, nos lleve al aeropuerto a facturar las maletas para el vuelo de mañana a Madrid, a las siete de la mañana. Pretendemos estar tranquilos respecto a peso de las maletas y así evitar problemas a última hora.



A medianoche, yo facturo mis maletas sin novedad porque mi vuelo de Iberia a Madrid está enlazado de forma natural con el vuelo de Avianca a Bogotá, gracias a los acuerdos entre ambas compañías. Nubia compró los billetes más tarde y no quedaba plaza en mi vuelo a Madrid. Su vuelo de AirEuropa sale quince minutos más tarde que el mío. En resumen: ella no pudo facturar las maletas y tuvimos que volver a casa con ellas, pero al menos pudimos comprobar que su peso era correcto.



Llegamos de vuelta a casa de Nubia a la una de la madrugada. Nos tumbamos para intentar descansar algo hasta las cuatro, hora en que nos debíamos levantar para estar facturando a las cinco, dos horas antes de la hora del vuelo de Nubia a Madrid.

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